La nueva historia de Marcelo Birmajer: Una joven mujer alemana (basada en hechos reales)

Esta historia es muy triste. Y una de las maneras de narrarla es la elipsis: aprovechar el título de mi columna, Se me hace cuento, para no quedar empantanado en la sordidez de su realidad.

Quizás el relato comienza en 1986, a mis 19 años, cuando leo una elegía de un historiador argentino de ascendencia alemana, sobre una joven mujer alemana asesinada por la dictadura en Argentina en 1977.

Esa crónica del funeral tardío de la joven mujer alemana, sobre sus restos repatriados a Alemania años después del asesinato, me impacta. Lo llevo latente en mi memoria hasta que hace un par de meses, me refiero a este 2021, descubro una especie de polémica de 2014 entre el historiador de marras y otro historiador, que en su juventud fue integrante de distintas organizaciones armadas, llamadas revolucionarias.

El historiador de ascendencia alemana escribía en 2014 un nuevo artículo sobre la joven mujer alemana. Pero a la semana siguiente, el ex integrante de más de una organización armada le responde, con una columna en el mismo diario, y modifica mi percepción sobre la joven mujer alemana.

El historiador A la describía como una filántropa, una pacifista, que había venido a la Argentina exclusivamente a ayudar a los pobres. Pero el historiador B le advierte que eso no es cierto. B no solo conoció a la joven en los términos convencionales del verbo, sino en el sentido bíblico: vivieron un romance carnal. No era pacifista, aclara B, pertenecía a una organización armada dispuesta a asesinar por el “socialismo”. Y digo asesinar porque efectivamente asesinaron, a empresarios, civiles desarmados, incluso niños.

Mataron a sangre fría al luchador anti fascista Salustro, también gerente de la Fiat en Argentina. Eran asesinos despiadados, con la palabra socialismo detrás de sus crímenes psicopáticos. B le explica al historiador A que la joven mujer alemana había venido a la Argentina a matar gente, probablemente ella los llamara “burgueses” u “opresores”. Para mí eran civiles indefensos e inocentes, como los Born- que afortunadamente sobrevivieron-, como Salustro, como tantos otros.

Pero el historiador B agrega un detalle desconcertante: la dirección de la organización criminal les ordenó cometer un atentado terrorista, y a ellos- a la joven mujer alemana y a B, que eran pareja- les resultó demasiado. No fueron capaces de semejante carnicería. El historiador B no especifica cuál es el crimen que les ordenaron. Aquí se despierta mi curiosidad.

¿Cuál es el crimen, de tal magnitud, al que incluso la joven mujer alemana y el joven B, integrantes voluntarios y conscientes de organizaciones asesinas, se niegan? ¿Cómo recuperan de algún modo el mandato trascendental de “no asesinarás”? La Biblia admite que el inocente tiene derecho a defenderse; tres mil años atrás, reclama: si alguien viene a matarte, levántate y mátalo primero.

Contra los nazis, interpreto yo, o contra los fascistas, como hizo Salustro. Pero prohíbe asesinar: asesinar es matar al inocente o al indefenso. Es lo que hacían estas organizaciones criminales como el ERP o Montoneros, contra otros argentinos e incluso personas de otras nacionalidades; y lo que hizo la dictadura del 76 contra miles de personas, además de violar, torturar, desaparecer y apropiar niños.

Pero repentinamente, nos cuenta el historiador B, él y su novia alemana deciden boicotear secretamente, sin elevar a la dirección su disidencia, la orden impartida. Simplemente la incumplen aduciendo imposibilidades, falsas.

¿Qué magnitud de crimen les ordenan ejecutar? Y aquí aparece otro elemento terrible de esta historia: en otro artículo, refiriéndose al comienzo de su participación en organizaciones criminales llamadas revolucionarias, el historiador B contó que formó parte de un grupo que secuestró a una joven judía argentina, un secuestro extorsivo, y la asesinó.

A la luz del recuerdo de ese otro artículo, también publicado en el siglo XXI en un diario argentino, el romance de la joven mujer alemana y el historiador B, no me resulta incidental. La confluencia entre los nazis que mataban judíos por ser judíos y las organizaciones criminales denominadas revolucionarias es muy temprana: Jorge Masetti, el psicópata que se alzó en armas contra el gobierno de Ilia, reclutó a dos judíos entre sus escasas huestes, y los asesinó a los dos.

También incluía entre sus pertrechos de “guerra” un manual para asesinar homosexuales allí donde los encontrara. Pero lo que tuvo a mano fueron dos judíos, y los mató.

Y la joven mujer alemana que, tras el manto del “socialismo”, vino de Alemania occidental a matar argentinos, me recuerda a otra joven mujer alemana, de ésta sí diré nombre y apellido, Briggitte Khulmann, que pasó de la organización terrorista psicópata Baader Meinhof, a otra que formó con SU MARIDO (lo destaco por lo patético), llamada Células revolucionarias, para asociarse finalmente al Frente Popular para la Liberación de Palestina- otro eufemismo-, en el que, intentando asesinar a cientos de judíos, fue abatida por un comando israelí en el aeropuerto de Entebbe, Uganda, en 1976.

Brigitte era correctamente definida por sus cautivos como “la terrorista nazi”, por su procedencia, su crueldad e insultos nazis.

Brigitte, como la joven mujer alemana que llegó a la Argentina, estudiaba pedagogía y escribía poesía. Porque cuando se escriben los responsos por la joven mujer alemana asesinada en Argentina, se destaca su formación universitaria, su talante romántico, y su devoción por los pobres.

Hasta que el historiador B reveló la verdad, las voces de las víctimas de las organizaciones criminales que la joven alemana integraba, asesinas de argentinos, no habían podido acusarla. Y acá yo encuentro una empatía, una similitud, entre la joven pedagoga Brigitte y la joven mujer alemana que vino a matar argentinos sin sentido, sin que nadie la llamara, sin relación alguna con nuestros dilemas, conflictos, dramas y tragedias.

De la nada, como un rayo en medio de un día soleado, vino a matar gente en nuestras tierras, igual que la Baader Meinhof en Alemania occidental, auto justificada por el “socialismo” y “la defensa de los pobres”. Igual que se justificaban Masetti y Brigitte. Porque he leído argumentos acerca de que los jóvenes criminales de las organizaciones llamadas revolucionarias fueron criados en una Argentina sin libertad y de ahí su perversión.

Pero la joven mujer alemana, como su gentilicio lo indica, fue criada en Alemania occidental, con todos los cuidados de una clase media próspera de un país pujante del primer mundo.

¿Cuál es la explicación sociológica de por qué vino a matar argentinos? Pero yo sigo buscando el motivo, no sociológico, intuitivo, despegado de cualquier ciencia social, si tal cosa existe, por el cual la joven asesina alemana y el entonces joven y también asesino historiador B, decidieron no ejecutar la orden de su criminal organización. ¿Quizás descubrieron al pasarla bien el uno con el otro que se podía vivir sin asesinar a otras personas? No los hace menos asesinos, no hace menos triste esta historia.

WD

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