A sangre fría: los invitaron a tomar un té y fueron ejecutados a balazos

La historia parece extraída de un libro o una serie policial, pero ocurrió en Uruguay y tuvo como víctimas a un comerciante de armas y su hija, quienes luego de ser ejecutados fueron abandonados en el baúl de un auto.

El hecho ocurrió en 2008, pero lo detalles del macabro crimen trascendieron recientemente al conocerse el fallo de la justicia uruguaya que condenó a dos hombres a 25 años de prisión.

Según la investigación, el 17 de junio de 2008, Euclides Viera, quien se dedicaba a la venta y tramitación de portación de armas, fue contactado por Esteban R. y Cristian F.

De acuerdo a lo que informó el diario El País de Uruguay, el comerciante conocía a Cristian F. porque le había gestionado la portación de armas para él y para su hermano.

Incluso, según se desprende del informe, el comerciante y Cristian F. estuvieron cerca de abrir una empresa de seguridad, aunque la iniciativa nunca llegó a concretarse.

Esta vez, Esteban fue quien inició las conversaciones, llamó a Viera interesándose por la adquisición de cuatro pistolas, y argumentó que era parte de una familia de cuatro hermanos que se dedicaban a la producción de arroz y que querían tenerlas por seguridad.

Como parte de la estrategia, Esteban invitó a Viera que se trasladara con las armas hasta su domicilio en la ciudad de Piriápolis. Según lo que indica el expediente, dos días después de aquel llamado, el comerciante con su hija viajaron a la ciudad balnearia del departamento de Maldonado.

Viera no sospechó lo que le podía pasar, porque conocía a Cristian. Incluso su hija Natalia Viera escribió el lugar de la cita a la que iría con su padre: “último anillo casa antes de las aerosillas”.

De acuerdo a lo consignado por el diario El País, el comerciante junto a su hija viajaron el 19 de junio por la tarde con destino a Piriápolis en un auto Volkswagen Santana, con la intención de venderle las armas.

Viera y su hija llegaron hasta la casa ubicada en el último anillo del Cerro San Antonio y fueron recibidos por Esteban, quien les ofreció una taza de té a los invitados.

Fue en el momento que el dueño de casa se fue a preparar el té y apareció en escena Cristian F, que desde el fondo de la vivienda y por una de las ventanas  ejecutó al comerciante y su hija con tres balazos. Las víctimas fueron sorprendidas por el delincuente ya que estaban de espaladas a la ventana que daba a un patio trasero.

Según las pericias, uno de los balazos dio en la médula espinal de Natalia y otro en su cuello causándole la muerte en forma inmediata. En tanto, el armero sufrió un impacto en el hemitórax derecho y quedó gravemente herido.

“Cristian F., a los efectos de ultimarlo, ejecutó a Viera con un disparo directo a la cabeza ocasionándole la muerte inmediata”, precisó el fallo del tribunal uruguayo al describir el asesinato a sangre fría.

 “Gallego, ¿qué hiciste?”

El escuchar las detonaciones y regresar de la cocina, Esteban intimó a su cómplice por lo ocurrido. “Gallego, ¿qué hiciste?”, le gritó.

Sin embargo, el agresor, que integró durante tres años el Ejército español, apuntó a la cabeza de Esteban y bajo amenaza lo obligó a cargar los cuerpos en el baúl del auto de Viera para viajar luego a Montevideo.

Finalmente, los delincuentes abandonaron el auto con los cuerpos en el baúl en una calle del barrio Carrasco y se dirigieron a la Terminal Tres Cruces, donde tomaron un coche para regresar a Piriápolis.

Un día después, un vecino alertó sobre la presencia extraña de un Volkswagen Santana y cuando los policías abrieron el vehículo se encontraron con los cuerpos de Viera y su hija.

Un control de peaje permitió a los investigadores reconstruir los hechos. La policía fue primero a la casa del comerciante, donde encontró la agenda de Natalia Viera que los llevó a la vivienda de Cerro San Antonio.

En el escenario del crimen, los agentes se encontraron con las manchas de sangre, tres spray de autodefensa de los vendidos por el fallecido y una cortina perforada por los balazos con los que fueron ejecutados el padre y la hija.

El abogado defensor de Esteban trató aliviar el hecho. “La idea era que Cristian entrara a la casa encapuchado a rapiñar las armas del armero. Mi defendido no sabía que iba a ultimar al armero y a su hija”,  argumentó.

Lo cierto es que los acusados enfrentan penas de 25 años de prisión por doble homicidio agravado, ya que el tribunal entendió que hubo un plan para asesinar a Viera y su hija con la intención de robarles.

GRB

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