La tierra de los pobres

Imagen tomada por un vecino del asentamiento Teresa de Calcuta (Alderetes)

Todos los días es una lucha cuando se vive  en un asentamiento; para muchos es motivo de vergüenza. Lo sé porque muchas personas, que sobreviven precariamente en terrenos tomados, se consideran sin derechos a reclamar por agua o iluminación.

¿Los derechos humanos básicos están lejos de las tierras tomadas?

Al parecer la pobreza y el abandono de decenas de familias en barrios precarios no es una preocupación para los gobiernos municipales. La explosión que provocó la gran demanda habitacional ignorada culminó en la toma de tierras que solían ser plantaciones de cañas, o terraplenes de vías o las márgenes del Río Salí.

Los asentamientos de Tucumán: casas prefabricadas con niños descalzos que chapotean en el barro y juegan a huir del peligro de las oscuridades por la tarde noche. Creo que casi todos son creyentes, rezan el padre nuestro cuando bajan del colectivo hasta llegar hasta sus casas, porque el pobre asalta al pobre, al que anda a pie, de día, a la mañana temprano, a la tarde, o a la noche. Rezar al menos alivia el miedo de cruzar el callejón, el descampado, el basural.

Claro que los pobres pagan caro sus gastos. La luz, el gas, el transporte y la comunicación. La oferta de servicios es tan limitada que se paga lo que se puede. Edet es una empresa comercial a la que sólo le interesa su ganancia; la responsabilidad social es una idea inexistente para ellos, la tarifa social les resulta negativa. El gas envasado cuesta caro, cocinar en la cocina es un lujo, la leña y las maderas la suplantan. En ese contexto la educación es un desafío, patinar en la calles de tierra colorada o barro negro es la única forma de llegar a la escuela los días de clases. Los días de clases virtuales faltan lxs niñxs, el permiso para explotación del espacio aéreo suele ser reservada para una sola empresa, y ya que las grandes competidores no llegan, pueden fijar el precio que se les ocurra para la instalación de internet satelital.

Vivir en un barrio pobre limita las posibilidades de las familias, de lxs niños, y les impide mejorar sus vidas. 

No hay mucho que pedir para que nuestra sociedad se empodere: que la tierra sea un derecho; que los barrios cuenten con infraestructura; que el acceso a servicios públicos no esté en manos privadas.  Porque así, lxs pobres vivirán siempre privadxs de toda posibilidad de crecimiento.

A %d blogueros les gusta esto: