En el Gobierno admiten que la inflación en los niveles actuales se contiene con control de precios

En el Gobierno no se animan a adelantar el número de inflación que dará a conocer el INDEC este miércoles, ya que en los últimos meses, dicen, pecaron de optimistas y luego de conocerse los datos se sintieron defraudados. Con todo, esperan que el salto de los precios domésticos en el mes pasado haya sido menor que el 4,1% registrado en abril.

La estrategia oficial apuesta a los acuerdos sectoriales y la política de control de precios en primer lugar para lograr contener el incremento de los precios y descarta que el Banco Central pueda intervenir con una suba de tasas de política monetaria como una herramienta de shock que sirva para canalizar los pesos de los argentinos.

La apuesta es que, a partir de las medidas anunciadas en el último mes y medio, con el número de mayo se confirme que la inflación ha comenzado a desacelerarse. “Vamos a ver si esto efectivamente ya está ocurriendo”, dicen y reconocen: “Es indispensable que la inflación alcance niveles más bajos”.

En el diagnóstico oficial, los aumentos de precios internacionales de los alimentos siguen apareciendo como uno de los drivers de la escalada de los precios domésticos en los primeros meses de este año.

Pero estas subas de los commodities a nivel global tienen también su impacto positivo en la inflación local. El argumento del Gobierno es que en los últimos años, las escaladas inflacionarias se sucedieron luego de una fuerte devaluación o aumentos de tarifas. Descartados estos últimos y con un buen colchón de dólares producto de las liquidaciones del campo, que le sirvieron al Central para comprar más de US$ 6.150 millones en lo que va del año, no habría en el horizonte previsto espacio para un evento de esta índole.

Sin embargo, pese a la ayuda de la super soja, en el Gobierno insisten en mantener los férreos controles de capital, como una de las patas necesarias para contener a los precios. “Tampoco podemos permitirnos abrir la economía para que, por importaciones, se disciplinen los precios internos. No nos sobra ni un sólo dólar para hacer frente a ese tipo de estrategias”, explicaron fuentes oficiales.

Al mismo tiempo, el Gobierno saben que medidas de shock para el control de los precios, luego de tres años de caída de la actividad y el incremento de los niveles de pobreza, sobre todo a partir de la pandemia, tendrían fuerte impacto social. Por eso, descartan que un escenario de mayor ajuste o una política monetaria más contractiva sean alternativas viables para calmar las expectativas inflacionarias.

Es que una suba de tasas de política monetaria, si bien podría servir para hacer rentable el ahorro en pesos, en un contexto en el que por ejemplo los plazos fijos acumulan largos meses de tasas reales negativas; también podría encarecer el acceso al crédito, pieza fundamental sobre todo para que las empresas puedan operar y crecer.

En este escenario, el Banco Central buscará aumentar sus intervenciones en el mercado de bonos, tal como “hacen todos los bancos centrales del mundo“. La idea es desarmar la enorme bola de Leliq, que hace que haya más de $ 3 mil billones esterilizados en las arcas oficiales, pero que resultan un pasivo para las cuentas públicas, ya que no pueden financiar ni al Tesoro Nacional ni a la actividad productiva o al consumo.

En el organismo que preside Miguel Pesce repiten que “Argentina es un país con fuerte capacidad de ahorro” y que sólo se necesita que ese ahorro se canalice mediante el mercado de capitales hacia instrumentos que den confianza y rendimientos en el mediano y largo plazo. “Esto va a llevar tiempo, pero en la medida en que se vea que los bonos del Tesoro son pagados, que el BCRA interviene y no permite la volatilidad de estos títulos, crecerá el interés de los inversores institucionales”.

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