El peronismo, el FMI y una historia casi como la de la película ‘Atrápame si puedes’

En la película Atrápame si puedes (2002), Tom Hanks interpreta a un agente del FBI que persigue a un estafador, Leonardo Di Caprio. El relato muestra un fugitivo que no solo escapa sino que disfruta. La historia entre Argentina y el FMI (no FBI) podría enmarcarse en esa misma dinámica: uno persigue y el otro busca zafar de las reglas. Incluso hasta sus dirigentes así lo proclaman, como el documento del martes del kirchnerismo que llama a no pagar.

Esto no arrancó con Alberto Fernández, quien recordemos, pide al FMI refinanciar de la deuda a más de 10 años, bajar la sobretasa, postergar el artículo IV, modificar la distribución de los DEG, además de haber solicitado una declaración especial para decir que la deuda no era sostenible.

Si hay un origen tal vez venga de 1954. Tras varias idas y vueltas de Juan Perón con el FMI (primero adhirió a su incorporación y luego la congeló), el entonces presidente (que buscaba dólares) recibió al titular del Banco Mundial en Buenos Aires. Y le dijo que quería ingresar al FMI. Eugene Black respondió que sería un gusto. Tenía que eliminar los controles de cambio, los diferentes dólares que había y, sobretodo, permitir que Washington acceda a las estadísticas que desde 1948 su gobierno había dejado de publicar con periodicidad.

“El FMI reclamaba una compilación de estadísticas confiables destinadas a publicarse anualmente en la International Financial Statistics”, cuenta Raúl García Heras, investigador de la UBA y el Instituto Di Tella, experto en la historia de Argentina, el FMI y el Club de París. Para este investigador, el peronismo no demoró su ingreso al FMI por una cuestión de independencia económica como Antonio Cafiero bramó alguna vez y ahora el kirchnerismo replica. “El peronismo descubrió que si quería acceder a los planes de infraestructura de la industria pesada de la posguerra del Banco Mundial, que México y Brasil ya recibían, tenía que entrar al FMIy para eso había que cumplir requisitos básicos, entre ellos, brindar estadísticas confiables. Curioso: otro ejemplo de cómo países vecinos acceden a bienes y servicios del mundo pero la Argentina no porque se niega a seguir los pasos establecidos.

En 2009, Amado Boudou viajó a Estambul, a la Asamblea del FMI. Allí pidió empezar un programa con el FMI. Dominique Strauss Kahn, como Black a Perón, le dijo “No hay problema”. Y le pasó la lista: arreglar Club de París, holdouts, apoyar la capitalización del FMI y hacer un artículo IV. Boudou dijo okay. Al otro día Néstor Kirchner llamó a Boudou a su habitación del hotel en Estambul y le aclaró: de ninguna manera iba a ver una misión en Buenos Aires. Ya el Indec estaba intervenido.

Casi 70 años después, Georgieva y Cristina son como Hanks y Di Caprio. Uno corre detrás del otro. Y Cristina no parece incómoda.

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