LATAM Argentina despidió a su último avión, que ya está en Chile

Este domingo despegó desde el Aeroparque metropolitano el último avión de la flota de Latam Argentina, con lo cual se completó el cierre de la única línea aérea que compitió contra Aerolíneas Argentinas, dentro del mercado local, por más de 15 años.

“LAN Argentina S.A. informa que, en el marco del cese definitivo de operaciones anunciado el pasado 17 de junio, la compañía trabajó en el proceso de traslado de aquellos aviones de su flota que permanecían en Argentina”, dijo la empresa, en un comunicado.

De manera discreta, a lo largo de los últimos 75 días, nueve aviones de Latam con matrícula argentina LV despegaron desde Ezeiza, Córdoba y el Aeroparque hacia Santiago de Chile.

Se trata de equipos más bien vetustos, con casi dos décadas de uso (el que partió ayer, matrícula LV-BGI, es un modelo 2002), a los que les espera un casi seguro destino como avión carguero. La empresa aclaró, además, que “no era propietaria” de ninguno de esos aviones. Pero según fuentes del sector, cada uno de los despegues hacia Santiago de Chile fueron realizados con la máxima discreción posible, para evitar incidentes con los gremios aeronáuticos.

La llegada de Lan a la Argentina fue antes de su fusión con TAM, cuando era una empresa sólo de capitales chilenos. En marzo 2005, durante el gobierno de Néstor Kirchner, la aerolínea chilena compró los permisos de vuelo de una aerolínea local, Aero2000, y junto con el estudio de abogados Pérez Alati y Benítes constituyeron la filial Lan Argentina. En pocos años se posicionaron con un competidor de Aerolíneas Argentinas en rutas hacia el interior, con las que captó  aproximadamente 20% del mercado local.

La empresa llegó a tener una flota de 13 Airbus A-320 que hacían vuelos locales y regionales, así como tres Boeing B767 con los volaba desde Ezeiza hacia Miami y también destinos regionales.

Durante el gobierno de Cristina Kirchner, tras la estatización de Aerolíneas Argentinas, hubo una fuerte presión contra la empresa, tanto desde el Estado como desde los gremios aeronáuticos. Pero eran años de buena rentabilidad y la empresa hizo presentaciones judiciales e incluso presionó a nivel de cancillerías, para poder seguir operando en el país.

Paradójicamente fue con un gobierno más “amigable”, el de Mauricio Macri, cuando LATAM inició su achicamiento: tras la devaluación de 2018, la empresa perdió más de 260 millones de dólares, sólo en los ejercicios 2018 y 2019. Con la pandemia, sobrevino el pedido de concurso preventivo (“Capítulo 11”) del grupo LATAM en Estados Unidos. Y al mediodía del 17 de junio, fue el anuncio del cierre de LATAM Argentina.

En su presentación ante el ministerio de Trabajo, la empresa alegó que a raíz de la pandemia no había un horizonte como para seguir operando en el país. Y acusó de competencia desleal a Aerolíneas Argentinas: según LATAM, la línea aérea estatal recibió desde 2009 hasta aquel momento “subsidios equivalentes a 5.500 millones de dólares“. Pero a lo largo de las 60 carillas que se extiende aquella presentación, la empresa responsabilizó por su salida, principalmente, a los gremios aeronáuticos.

Fueron 68 las medidas que LATAM detalló que intentó llevar adelante para hacer más rentable su operación dentro del país. Ninguna de esas iniciativas proponían una reducción salarial, o eliminación de fuentes de trabajo: de hecho, el personal de la empresa estaba encuadrado en los gremios aeronáuticos tradicionales: APLA (pilotos), AAA (Aeronavegantes) y APA (personal de tierra). Pero precisamente esa fuerte incidencia gremial en la operación cotidiana fue generando un contraste contra otras filiales del grupo, que al día de hoy permanecen activas no sólo en Chile sino en Perú, Ecuador, Colombia y Brasil. 

“A la fecha (las propuestas a los gremios), sólo merecieron rechazos categóricos, contribuyendo a empeorar la dramática situación de LAN Argentina, previo al golpe final que hoy implica la pandemia y que hacen imposible la continuidad del negocio”, dijo la empresa en aquella presentación ante el Ministerio de Trabajo, en junio pasado.

Por fuera de LAN Argentina, el grupo mantiene en el país su actividad internacional y una estructura de 300 empleados que es personal de soporte y aeropuertos para atender la operación internacional (Lima, Santiago de Chile y San Pablo).

Pero a once meses del anuncio de su cierre, sobre 1.715 empleados sólo quedan 193, quienes no aceptaron los planes de retiro voluntario y ahora piden que el Estado nacional se haga cargo de su destino laboral. Lo que piden tiene un antecedente: la aerolínea Lafsa, creada por el gobierno de Duhalde y continuada durante los seis años siguientes de Néstor y Cristina, se hizo cargo de los casi 900 empleados de las quebradas LAPA y Dinar. Lafsa fue una aerolínea sin aviones. Ahora, con LAN Argentina ya liquidada, hay casi 200 empleados sin empresa.

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