Las diferencias por las restricciones: la historia detrás de un nuevo desencuentro entre el Gobierno y la Ciudad

En un alto al raid de llamados que le realizó a los gobernadores para informarlos sobre las restricciones que iba a disponer el Gobierno, Santiago Cafiero se encontró con varios mensajes que le daban cuenta del comunicado que, minutos antes, había emitido Juntos por el Cambio. El jefe de Gabinete se sorprendió al ver entre los firmantes del duro texto al jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta: al cabo, hacía menos de dos horas, en la cumbre con Provincia, en su despacho habían estado dos emisarios de peso de la Ciudad, como su par Felipe Miguel y el ministro de Salud, Fernán Quirós.

La rigidez de JxC y el aviso a través de los medios que dejaron trascender autoridades porteñas, de que iban a intentar “resistir” la imposición de restricciones nocturnas y a la libre circulación, reflotaron el capítulo del desgaste en el vínculo entre ambas administraciones, que tuvo su punto de partida en la quita intempestiva de la coparticipación.

Más allá de la certeza de que la postura de la administración porteña está atravesada por la interna que soporta Rodríguez Larreta del ala dura cambiemita, encolumnada detrás de la figura de Patricia Bullrich, en el Gobierno generó tanta sorpresa como malestar el apuro para desmarcarse “de algo que no está definido”. En efecto, el Presidente recién este miércoles traza el texto del decreto con la intención de publicarlo por la tarde. 

Al cabo, puertas adentro de la reunión, a pesar de que Miguel no se puso de acuerdo con Bianco, que sí planteó un virtual “toque de queda” entre las 22 y las 6, y pidió reducir entre las 0 y las 6 la circulación, la charla se había dado “en buenos términos”, confiaron participantes del cónclave.

Más: desde Nación apuntan que el análisis de Quirós sobre la situación sanitaria “fue más duro adentro de la reunión que afuera” y que había sido una visión compartida entre las tres administraciones que había que controlar y restringir el transporte público y actividades recreativas, ya que los contagios no se dan en actividades con protocolos, escuelas y fábricas o comercios.

Sin acuerdo por el horario, en el Gobierno no comprenden por qué la Ciudad se anticipó. “Nunca se les confirmó que fuera a las 22”, aseguran, aunque admiten que la postura de Cafiero estaba más cercana a lo que pretendían Bianco y el vice de Salud bonaerense, Nicolás Kreplak. “¿De qué nos sirve una hora más o una hora menos si la autoridad local no controla?”, replican desde Balcarce 50, al reafirmar una postura acuerdista. “En ese momento no estaba decidido nada, había mucho por evaluar y faltaba hablar con el resto de los gobernadores”, insisten, dando cuenta de que todavía había puentes de negociación. 

La versión cambia cuando se escucha a interlocutores porteños. Miguel y Quirós se retiraron de la Casa Rosada con la convicción de que Cafiero había planteado que Nación se haría cargo de las medidas macro y que no habría demasiado margen desde los distritos para diferenciarse. “No tenemos problemas en asumir el costo político de lo que haya que decidir. Con más de 20 mil casos y números récords, no se puede especular”, remarcan en Nación.

Hay quienes creen que los recientes desencuentros entre dirigentes de Juntos por el Cambio y la Casa Rosada por la discusión por las PASO motivaron un escenario de desconfianza que desembocó en un rápido desmarque de la Ciudad. En rigor, desde el equipo de Rodríguez Larreta no surgieron voces que se pronunciaran públicamente al respecto, pero la rápida conclusión que sacó la cúpula de JxC, con el alcalde en la mesa, no dio margen para segundas interpretaciones.

Con todo, molesto con la actitud de la oposición y tras consultar con Alberto Fernández, Cafiero cruzó casi inmediatamente a Patricia Bullrich: “Nosotros trabajamos para cuidar los argentinos y las argentinas, y en la coordinación diaria dialogamos con varios de los dirigentes que integran esa mesa. Generen propuestas, no chicanas”. La elección de la presidenta del PRO como destinataria no fue casual y acaso implicó un doble guiño a Rodríguez Larreta, ya que optó por no mencionarlo.

De todos modos, en el cierre del mensaje pareció enviar un mensaje por elevación: “Seamos responsables de la prevención y también a la hora de hacer declaraciones”, reclamó, dejando saber el malestar con las autoridades porteñas. Es que, como contó Clarín, el pedido del Gobierno a la Ciudad había sido no agitar las diferencias públicamente hasta que no se cerraran las medidas, para garantizar un discurso homogéneo que facilitara el posterior cumplimiento del DNU.

Por lo pronto, aunque en un intento por bajar la confrontación dijeron no saber cuál sería el alcance de las restricciones, avisaron que van a acatar lo que decida el Presidente, pero igual el clima entre ambas administraciones se enrareció: en el Gobierno aseguran que sólo se disiparán las dudas respecto a si hubo ó no una especulación por no pagar el costo político de “cuidar a los argentinos” una vez que se vea la postura de la Policía de la Ciudad en los controles nocturnos: “Sea a las 22, a las 23 o a la medianoche, van a tener que controlar”, resumen.

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