Acompañar es la tarea: docentes de Mancopa becan con internet a sus alumnos en Tucumán.

“¿Qué pasará con estos chicos que no se conectan ni dan señales de vida?”, se preguntó un poco alarmada María Eugenia Bevacqua, la directora de la escuela media de Mancopa y de su anexo en Romera Pozo, Leales, al este Tucumán. De inmediato instruyó a los docentes tutores para que llamen uno por uno a los chicos para saber por qué no aparecían conectados a los grupos de WhatsApp. Y descubrió que el problema era que no tenían crédito en sus celulares (ninguno tiene computadora) ni posibilidades de recargarlo. “Si entra algún dinerito es para la olla”, reconoce una de las mamás de los chicos.

¿Y si los apadrinamos, dire? le preguntó la pedagoga de la escuela de Mancopa, Johana Sánchez. Así surgió la idea de las becas virtuales. Consiste en que cada docente que quiera sumarse voluntariamente realice una carga de crédito ($ 125) para un determinado alumno. Cuatro docentes tienen un estudiante a cargo. Con esos aportes el alumno, guiado por un profesor, realiza la compra de un pack de internet de 5G (cuesta alrededor de $ 500 y varía según la empresa) para que el chico pueda tener Whatsapp, enviar tareas, consultar en Google y ver videos y grabarlos. De esa manera 27 los alumnos de esa zona rural pudieron volver a estudiar. Luis Galván tiene 15 años y vive en el paraje El Cortaderal, a 8 kilómetros de su escuela. El año pasado murió su papá, que era el único sostén de su casa. Desde entonces él, su mamá y sus dos hermanos, de 10 y tres años, viven de un subsidio que solo alcanza para comer. “Cuando me llamó la profe Johana para preguntarme por mi situación me sentí feliz de que la escuela se preocupara por nosotros en este difícil momento”, confiesa la mamá, Mercedes Moreno. “Gracias a esta beca que nos dan los profesores mi hijo Luis puede hacer la tarea y la comparte con mi otro hijo Pablo”.

La beca virtual ha librado a Verónica Aguirre, mamá de Leonardo, de 14 años, de tener que pedir crédito prestado a todos sus vecinos y parientes. “Mi marido hace changas y ahora está sin trabajar. Yo le pedía wifi a mi primo, al abuelo y a mis vecinos pero a veces ya ninguno tenía y nos quedábamos desconectados de todo”, cuenta la mamá del chico beneficiado.

Cristian Serrano cursa 3° año en la escuela de Romera Pozo. Pero solamente podía conectarse cada vez que su madre cobraba la asignación familiar, que era cuando tenía crédito en el celular. Es el único dispositivo de la familia que usan él y sus dos hermanos para las tareas de la escuela. Laura Ledesma, la mamá, reniega porque el hecho de no tener conectividad le hizo perder dos veces la fecha para cobrar el IFE.

Daiana Amaya debutó en 1° año de la secundaria sin carga virtual. Su mamá Graciela dependía de la buena voluntad de su vecina que le pasaba wifi. Ahora Daiana puede aprender sin deberle nada a nadie. Salvo gratitud a los profesores de la escuela.

(fuente: lagaceta.com.ar)

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